
Emprender no es para todos, es lo que hay. Pero vamos a ver por qué. Con ejemplos y claves de proyectos reales. ¿Os parece? ¡Pues empezamos que tenemos mucho de lo que hablar y muchas claves que destacar para emprender!
Como siempre, os guiaré por diversos bloques, destacando las claves para conocer y aplicar las buenas prácticas para emprender en vuestros proyectos. Y, recordad, si tenéis algo que comentar no dejéis de hacerlo. Empezamos.
Índice
Introducción: Emprender no es para todos, y punto
La idea de que cualquiera puede emprender si se esfuerza lo suficiente se ha convertido en uno de los grandes mantras de nuestro tiempo. Bajo el paraguas de la meritocracia se repite que el éxito es una consecuencia directa del talento, el trabajo duro y la perseverancia.
Sin embargo, esta narrativa ignora de forma sistemática factores estructurales, sociales y económicos que condicionan de manera decisiva quién puede emprender y quién no. Decir que emprender no es para todos no es derrotismo, es realismo.
La meritocracia, entendida como un sistema justo en el que cada persona obtiene lo que merece, funciona más como un relato tranquilizador que como una descripción fiel de la realidad. Emprender implica partir de una posición inicial concreta y esa posición rara vez es neutral. Hay quien empieza con red de seguridad, contactos, tiempo y capital, y hay quien empieza con deudas, responsabilidades familiares y miedo a fallar porque el margen de error es inexistente.
A esto se suma el azar, un factor incómodo de reconocer pero omnipresente en cualquier trayectoria emprendedora. El momento adecuado, la tendencia que despega justo cuando lanzas tu producto o el contacto que aparece de forma aparentemente casual pueden marcar la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. El problema es que el azar no se reparte de forma equitativa y suele beneficiar más a quienes ya estaban mejor posicionados.
Por eso, este artículo no busca desincentivar a nadie que quiera emprender, sino ofrecer una mirada honesta y profunda sobre por qué emprender no es para todos. Entender estas claves es fundamental tanto para quienes se plantean dar el salto como para dejar de idealizar un camino que, en muchos casos, se presenta de forma engañosa.
Clave 1: Entorno y recursos
El entorno es uno de los factores más determinantes a la hora de emprender, aunque pocas veces se reconoce su peso real. No es lo mismo intentar levantar un proyecto en un ecosistema donde existen referentes, inversión, cultura emprendedora y apoyo institucional que hacerlo en un contexto donde emprender es visto como una excentricidad o una irresponsabilidad. El entorno no solo influye en las oportunidades disponibles, sino también en la confianza personal para asumir riesgos.

Los recursos económicos son otra barrera evidente pero a menudo minimizada. Emprender requiere dinero para empezar y, sobre todo, para aguantar. Muchas historias de éxito esconden detrás ahorros familiares, sueldos previos altos o la posibilidad de vivir durante meses sin ingresos. En campañas de crowdfunding se repite un patrón: Proyectos que alcanzan su objetivo inicial gracias a una comunidad previa y a una inversión inicial que permite presentar un prototipo profesional, un vídeo cuidado y una narrativa convincente.
En este sentido, el crowdfunding no es el terreno neutral que a veces se vende. Una pequeña editorial independiente que logra financiar una colección no suele partir de cero: Sus fundadores pueden haber trabajado en medios culturales, contar con una red de autores afines y poder permitirse meses de preparación antes del lanzamiento. El entorno profesional y social es clave para que una campaña funcione.
Los contactos cuentan, y mucho. Conocer a la persona adecuada puede significar acceso a proveedores más baratos, difusión en canales relevantes o incluso resolver problemas legales y logísticos sin coste. Las campañas que logran más de 100.000$ de recaudación no lo hacen por una innovación radical, sino porque trabajan con agencias de comunicación y activan relaciones estratégicas desde el primer día. Y para ello hace falta tener recursos e incluso poder aguantar vender a pérdidas.
Conclusión
Cuando se analizan los fracasos, el patrón suele ser el inverso. En el grupo de proyectos que fracasan suele haber proyectos interesantes lanzados por personas sin red, sin capital suficiente y sin margen para equivocarse. Emprender no es para todos porque no todo el mundo dispone de un entorno y unos recursos que hagan viable resistir el tiempo necesario hasta que un proyecto empieza a sostenerse por sí mismo.

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Clave 2: Marca personal y suerte
En el contexto actual, la marca personal se ha convertido en un activo casi imprescindible para emprender. Tener visibilidad, credibilidad y una audiencia previa facilita enormemente cualquier lanzamiento. Sin embargo, no todo el mundo puede o quiere construir una marca personal fuerte. Requiere habilidades comunicativas, exposición constante y una inversión de tiempo que no siempre es compatible con otras responsabilidades vitales.

Muchas campañas de crowdfunding que triunfan lo hacen porque la persona detrás del proyecto ya era conocida en su nicho. Un ejemplo puede ser un ilustrador que financia un libro de arte experimental pero que previamente ha pasado años compartiendo su trabajo en redes y colaborando con otros artistas. La campaña puede ser el resultado lógico de una trayectoria previa, no un golpe de genialidad aislado. Sin esa marca personal, un proyecto idéntico puede pasar desapercibido.
La suerte actúa como catalizador de estas dinámicas. Estar en el lugar adecuado en el momento preciso no es algo que pueda planificarse del todo. Hay proyectos que despegan porque coinciden con una tendencia emergente o porque un influencer comparte la campaña de forma espontánea. En una campaña de crowdfunding para un juego de mesa, el impulso definitivo puede llegar cuando un influencer con miles de seguidores lo menciona por afinidad personal o por una estrategia calculada.
El problema de romantizar estas historias es que se presentan como replicables cuando no lo son. No todo el mundo puede confiar en que la suerte aparezca ni tiene acceso a los espacios donde esa suerte suele manifestarse. De nuevo, emprender no es para todos porque no todas las personas parten con las mismas probabilidades de visibilidad y conexión.
Conclusión
Aceptar el papel de la suerte no resta mérito al trabajo realizado, pero sí ayuda a desmontar la idea de que el éxito depende exclusivamente del esfuerzo individual. Ignorar este factor solo aumenta la frustración de quienes lo intentan todo y aun así no logran despegar.

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Clave 3: Montaña rusa de ingresos y emocional
Emprender implica convivir con la incertidumbre de forma permanente. Los ingresos no son estables, las previsiones rara vez se cumplen y cada decisión tiene un impacto directo en la supervivencia del proyecto. Esta montaña rusa económica se traduce inevitablemente en una montaña rusa emocional que no todo el mundo está preparado para soportar.

Hay personas con una alta tolerancia al riesgo y a la ambigüedad, capaces de tomar decisiones sin garantías y de gestionar la ansiedad que eso conlleva. Otras personas, igual de válidas y competentes, necesitan estabilidad para rendir bien y vivir con tranquilidad. Ninguna de las dos posturas es superior, pero solo una encaja con la lógica del emprendimiento.
En campañas de crowdfunding fallidas se observa a menudo el desgaste emocional del equipo promotor. Muchos creadores de campañas de crowdfunding relatan tras la campaña el impacto psicológico de semanas de exposición pública, incertidumbre y presión social. Aunque muchos alcanzan una parte significativa del objetivo, puede no ser suficiente, y el golpe emocional puede llevar a esas personas a abandonar el proyecto por completo.
Además, la vida personal no se detiene cuando se emprende. Enfermedades, responsabilidades familiares o imprevistos económicos pueden hacer inviable continuar. Quien no cuenta con una red de apoyo sólida o un colchón financiero sufre estas situaciones con mayor intensidad. Emprender no es para todos porque no todo el mundo puede permitirse que su estabilidad emocional dependa del rendimiento de un proyecto.
Conclusión
Normalizar que no todas las personas deben emprender es también una forma de cuidar la salud mental colectiva. El emprendimiento no debería presentarse como una obligación moral ni como la única vía de realización profesional.

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Conclusión: ¿Todavía crees que emprender es para todos?
Después de analizar el peso del entorno, los recursos, la marca personal, la suerte y la capacidad de gestionar la incertidumbre, resulta evidente que emprender no es para todos. No porque falte talento o ganas, sino porque las condiciones de partida y las circunstancias personales importan, y mucho.
Cuestionar la meritocracia no significa renunciar a la ambición, sino entender que el éxito emprendedor es el resultado de múltiples factores, muchos de ellos fuera del control individual. Reconocerlo permite tomar decisiones más informadas y honestas sobre el propio camino profesional.
Si tras leer esto sigues queriendo emprender, hazlo con los ojos abiertos, evaluando tus recursos reales y tu contexto. Y si concluyes que este no es tu momento o tu camino, no hay ningún fracaso en ello. Aceptar que emprender no es para todos es, paradójicamente, el primer paso hacia una relación más sana con el trabajo y el éxito.
Recordemos
- Es importante entender por qué emprender no es para todos.
- Hay que conocer las claves para emprender sabiendo los riesgos y dificultades.
- Emprender no te hace especial, te hace emprendedor o emprendedora, y punto.
Enlaces adicionales del artículo
- Dan Peña en Wikipedia.
- Emprender no es para todos en Suma Positiva.
- Estadísticas de Kickstarter.
- Proyectos activos en Kickstarter por encima de 100K$.
- Un proyecto con creadores que tienen experiencia.
- Proyecto con experiencia y recursos.
- Campaña sin experiencia pero con recursos.
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